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Otros síntomas del prolapso de vejiga son:

  • Dificultad para orinar.
  • Sensación de tener que "ir" incluso inmediatamente después de orinar.
  • Sensación de pesadez o presión en la zona vaginal.
  • Infecciones frecuentes del tracto urinario. sucede sobre todo si hay dificultad para vaciar la vejiga.
  • Incontinencia de esfuerzo: algunas pérdidas de orina al estornudar, toser, hacer ejercicio o levantar objetos pesados.
  • Relaciones sexuales dolorosas. en muchos casos solo hay sensación de presión.

En las mujeres, los músculos del suelo pélvico, junto con la pared vaginal anterior, sirven para sostener la vejiga. Cuando los músculos del suelo pélvico que rodean la vejiga se debilitan o se destensan, la vejiga deja de estar sujeta. ESE "descenso" de la pared vaginal anterior; PRODUCE un abombamiento hacia la vagina.

El prolapso de vejiga (o cistocele) en mujeres puede estar relacionado con la menopausia. La disminución de los niveles de estrógeno debilita los tejidos del suelo pélvico y las paredes vaginales. Si este soporte se pierde, la vejiga puede descender hacia la vagina, lo que puede causar molestias urinarias como sensación de presión, dificultad para vaciar la vejiga o incontinencia urinaria de esfuerzo. La menopausia es un factor de riesgo, pero el embarazo y el parto siguen siendo las causas más frecuentes de prolapso de órgano pélvico.

Otros factores de riesgo del prolapso de vejiga son:

  • Parto especialmente partos vaginales, partos instrumentados o bebés grandes..
  • Cirugía, (extirpación del útero, por ejemplo).
  • Presiones excesivas en el suelo pélvico por estreñimiento prolongado, levantamiento de objetos pesados o aumento de peso.
  • Tos crónica (u otros problemas pulmonares).
  • El envejecimiento, el tejido conectivo débil por predisposición genética y la actividad física de alto impacto también aumentan el riesgo.

La buena noticia es que el prolapso de vejiga rara vez representa un riesgo grave para la salud. La mayoría de los casos no requieren corrección quirúrgica. El tratamiento del prolapso de vejiga dependerá en gran medida del nivel de prolapso que tengas.

os prolapsos se clasifican en grados del I al IV; los grados leves suelen manejarse sin cirugía.

Si no es necesario recurrir a la cirugía, algunos tratamientos para el prolapso de vejiga que puedes seguir son:

  • Ejercicios para el suelo pélvico. El suelo pélvico es un sistema de músculos, ligamentos y tejidos que sostienen la vejiga y otros órganos pélvicos.
    Realizar ejercicios de Kegel de forma regular puede ayudarte a fortalecer esta zona. Puedes hacerlos fácilmente, por ejemplo, mientras estás sentada: contrae los músculos como si quisieras cortar el flujo de la orina, mantén unos segundos y relaja. Haz series de 10 repeticiones, al menos 3 veces al día, y verás que con el tiempo notarás los resultados. No todas las mujeres deben hacer Kegels. Si el suelo pélvico está demasiado tenso, primero debe trabajarse la relajación. La valoración profesional es esencial.

  • Cambios en el estilo de vida: se recomienda no levantar objetos pesados y cuidar el tránsito intestinal. Si sufres de estreñimiento crónico, consulta con tu médico sobre opciones para aliviarlo, ya que el esfuerzo repetido puede empeorar el prolapso.

  • Pesario vaginal. El pesario vaginal es un dispositivo que se introduce en la vagina para sostener la vejiga. Los pesarios vaginales deben retirarse y limpiarse con regularidad para evitar infecciones. Dependiendo del tipo de pesario vaginal que te hayan colocado, la extracción se realizará en la consulta del médico o en casa. El pesario es uno de los tratamientos más efectivos para los prolapsos leves y moderados, especialmente en mujeres que desean evitar cirugía.

  • Terapia de sustitución de estrógenos. Con la llegada de la menopausia, los niveles bajos de estrógeno pueden debilitar los tejidos del suelo pélvico. En algunos casos, el uso local de estrógenos (cremas o anillos vaginales) puede mejorar zona la calidad del tejido vaginal y aliviar los síntomas. No es un tratamiento apto para todas, así que consúltalo con tu médico.

Terapias regenerativas: una alternativa a la cirugía

Las terapias regenerativas pueden mejorar la calidad del tejido y disminuir síntomas en prolapsos leves o moderados, aunque no sustituyen la cirugía en casos avanzados.

Incluyen:

Láser vaginal

El láser CO₂ o erbio estimula la producción de colágeno, mejora la hidratación y la elasticidad del tejido vaginal. No recoloca la vejiga, pero puede mejorar síntomas como sequedad, laxitud o molestias.

Radiofrecuencia vaginal

Aplica calor profundo controlado, estimulando la formación de colágeno y mejorando el tono del tejido. Tampoco recoloca la vejiga, pero puede reducir síntomas leves de presión o de incontinencia asociada.

PRP (Plasma Rico en Plaquetas)

Estimula la regeneración tisular mediante los factores de crecimiento de la propia sangre. Puede mejorar hidratación, trofismo y algunos síntomas urinarios o de confort vaginal.

¿Para quién son estas terapias?

  • Mujeres con prolapsos grado I y II.
  • Pacientes que no desean cirugía.
  • Mujeres con cambios hormonales, atrofia vaginal o debilidad tisular.
  • Pacientes que buscan complementar la fisioterapia.

Consideración importante

Ninguna terapia regenerativa recoloca físicamente la vejiga. Su función es mejorar el tejido y los síntomas asociados, siempre como complemento a la fisioterapia y tras una valoración ginecológica completa.

Si tienes un prolapso de vejiga grave, Hoy en día se usan principalmente técnicas nativas (reparación con tejido propio). La malla vaginal solo se utiliza en casos seleccionados por sus riesgos asociados. En el transcurso de estos tratamientos, es aconsejable llevar protección contra las pérdidas de orina para que puedas sentirte lo más segura posible.

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Solo un profesional médico puede diagnosticar un prolapso de vejiga. Si notas síntomas como presión vaginal, sensación de bulto, escapes de orina o dificultad para vaciar la vejiga, consulta con tu ginecólogo o médico de cabecera.

También debes consultar si tienes dolor lumbar persistente, sangrado vaginal o infecciones urinarias recurrentes.